mujeres-trabajadoras

¡Que no falten las mujeres!

Por Maurice Armitage Cadavid

En una sociedad con una carga histórica tan machista como la nuestra, no es del todo extraño que mi expresión recurrente “No hay cosas a las que más le tenga miedo que a una escazes de oficio y a una escazes de mujeres” esté causando tanto estupor en quienes no vacilan en interpretar la expresión como sexista, discriminatoria y peor, un atropello contra las damas.

Se imaginan esas mentes que advierten “maltrato” y sub-estimación del género femenino, que con los años pude haberme convertido en un “viejo verde” que ve en la mujer, un objeto de placer para el sexo masculino y que el miedo a la escases manifiesta, es una expresión machista desde la peor óptica de la mal entendida “virilidad”.

Lo deseable, en mi caso, hubiese sido encontrarme interpretado de manera distinta. Paso a explicarlo y me sostengo en mi confesión: Me aterra una escazes de mujeres. Sí, me abruma solo pensar que llegaren a faltarnos. Mi personaje favorito es una mujer que vivió 104 años y trabajó hasta los 85. Ella cogió bus durante años, de San Fernando hasta el Centro de Cali, para administrar el almacén con el que levantó a cinco hijos después de enviudar. Mi mamá es una heroína. Y yo, a mis 70 años, comprendo que me falta mucho para alcanzarla.

Me casé muy joven, a los 24 años, y desde entonces, he vivido rodeado de un matriarcado. Patricia, Vivianne y Christine (mi esposa y dos hijas) son admirables, ejemplares y valientes. Ella son mujeres de carácter y templanza pero también fuente de amor, ternura y sabiduría. No concibo mi vida sin las tres.

Para completar la historia debo contarles que Sidoc, la empresa que quiero y protejo tanto como a mi familia, se levantó sobre los pilares del compromiso, la lealtad y el trabajo duro de un equipo de seres humanos fantásticos, en el que han brillado siempre, con su luz propia, las mujeres. Dos de ellas, y sólo para citarlas como exponentes de ese excepcional grupo: Marcela Mejía (Gerente General), ingresó a la compañía con la expectativa de hacer su práctica laboral y nunca volvió a salir, llegó para quedarse; Esperanza Perdomo, su co-equipera durante años, y quien fuera nuestra gerente comercial, fue la encargada de armar las estrategias para la venta del acero que produce una fábrica donde la mayoría de operarios son hombres.  Esperanza se fue a cuidar de su familia cuando sintió que había cumplido un ciclo con nosotros. Aun así, regresó para ayudarnos a materializar el sueño de montar un Ingenio Azucarero.

La presencia de las mujeres en los roles directivos y administrativos de nuestra empresa son sólo un ejemplo de lo fundamentales que son para quien escribe. Ni qué decir de la Fundación. Son mujeres las que han inspirado permanentemente nuestros proyectos en la ladera de Cali, mujeres verracas, tremendamente luchadoras;  muchas de ellas, cabezas de familia en Siloé.  Madres, tías o abuelas de jóvenes sedientos de oportunidades… De ocupación.

Cambiando de tercio y ya proyectando la presencia y participación de las mujeres en nuestra apuesta por gerenciar Cali, es maravilloso dar una mirada a nuestra campaña cívica. Los más importantes procesos han sido liderados y articulados por mujeres. Mi agenda, la estrategia, los ejes conceptuales y programáticos,  las comunicaciones, el contacto con los jóvenes, con las instituciones educativas y líderes de comunidad, la movilización ciudadana. Todos estos frentes están a cargo y bajo el liderazgo y proactividad de mujeres brillantes y con gran sensibilidad social.

Muchos de los lectores de este portal pueden identificarse, seguramente su vida sería distinta si no hubiesen tenido la influencia de las mujeres de los hogares donde se criaron, de sus esposas, compañeras de vida y de trabajo, en fin. De quienes aportan la dosis de equilibrio racional y emocional a nuestro día a día.

Si sirve de algo para quienes se angustian con la expresión  e interpretan suspicazmente mi pavor por la falta de mujeres, debo informarles que estoy felizmente casado desde hace la bobadita de 46 años con la misma mujer con quien concebí a nuestras únicas dos hijas y que soy de quienes cree y apuesta a envejecer en un hogar estable. Eso sí que es un patrimonio en la  vida!

Que nos haga bomba la camisa entonces por preservarlas en todos los espacios posibles de la sociedad y que no se sonrojen porque pida a gritos “Que no nos falten las mujeres