Por Héctor De los Ríos L.
Vida Nueva
Comunidad abierta, universal, fundada en el amor
Hechos 10, 25-26.34-35.44-48: «Esta claro que Dios no hace distinciones»
Salmo 98(97): «El Señor revela a las naciones su justicia»
1Juan 4,7-10: «Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios»
San Juan 15,9-17: «Permanezcan en mi amor»
El mensaje de los hechos de los Apóstoles refleja la sorpresa y extrañeza de los judeo-cristianos, no sólo por la admisión de un gentil en la comunidad, sino por la venida del Espíritu sobre ellos (cfr. 1a. lectura). La justificación de Pedro es que Dios no tiene acepción de personas y que ha sido el mismo quien ha manifestado de modo.
El que no ama a los hermanos no ha conocido a Dios. Continuación del tema del amor, de domingos anteriores. Dios es amor y el amor viene de Dios. Por eso el que ama ha nacido de Dios y lo conoce participando de la misma vida de Dios (1Jn. 4, 7-10)
Debemos corresponder al amor de Jesús, como El corresponde al del Padre. Amor, que debe traducirse en aceptación de voluntad. La celebración de la Cena del Señor no es un rito, es la inmolación de Cristo-Hermano como acontecimiento de fraternidad y don del Padre. Jesús se hace fraternidad y realiza la fraternidad entre nosotros.
En el pueblo judío, en el ambiente en que se desarrolló Jesús, se ofrecía un código con 613 normas de conducta que habían de cumplirse para agradar a Dios. En el breve Evangelio que leemos hoy, Jesús nos ofrece un código mucho más breve que todo eso.
Jesús, el Señor, en su testamento, pocas horas antes de morir, no deja normas ni leyes ni pautas o recetas de apostolado, sino que nos ofrece «un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado», como único fundamento de su Evangelio
El que se adentre por el camino de Jesús y se decida a seguir el estilo de su vida, descubrirá que sólo el amor hace que la vida merezca la pena ser vivida y que sólo desde el verdadero amor es posible experimentar la gran alegría de vivir. Si cumplimos esta norma de convivencia que nos ofrece Jesús, estaremos construyendo el mejor de los mundos, que ningún programa político ni social podrá igualar.
Algunas preguntas para meditar durante la semana:
1. Acepto yo que Dios siempre me ama, aunque haya traicionado su confianza?
2. Es Jesús mi amigo personal? ¿Qué puedo hacer para acrecentar esta amistad?
