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Para cumplir los sueños, primero tenemos que pintarlos!

Por Maurice Armitage Cadavid

Motiva esta columna, mi opinión sobre un proceso de ciudad que considero además de aleccionador, ejemplarizante. La historia reciente de Siloé puede inspirar a muchos caleños y caleñas a vincularnos a procesos de transformación de Ciudad que cobran sentido en la medida que más personas sientan que pueden replicarlos.

Mi experiencia de trabajo social en esta zona de ladera se remonta al año 2005, cuando una de mis hijas –Vivianne- visualizó el impacto que podía tener intervenir socialmente un territorio estigmatizado por su historia de violencia y golpeado cotidianamente en la autoestima de sus habitantes por causa de la exclusión.

Con la misma determinación de quienes primero plasman las ideas sobre el papel para luego ejecutarlas, la fe de quienes visualizan lo que anhelan y la convicción de  que los cambios físicos arranstran transformaciones integrales; comenzamos a crear un vínculo con la comunidad de Siloé, en la cual identificamos felizmente que su sueño, el que vienen persiguiendo desde muchos años atrás, coincidía con el nuestro.  Fue así como ese sueño comenzó a pintarse de manera conjunta con dos Organizaciones de Base: La Fundación Nueva Luz y la ACCR.  Lo hicimos literalmente con brocha en mano, pintando de blanco las fachadas de quienes querían pasar la página de un pasado oscuro.  Pintamos más de 7.500 fachadas.  El pesebre de los caleños  fue pintado de blanco para que Cali lo viera de otro color. Un pretexto para comenzar a entendernos con una comunidad  cargada de escepticismo –con razón- por promesas incumplidas.  Un proceso desafiante.  De generación de confianza.    

He dicho que la pintatón de Siloé fue un “pretexto” porque debe entenderse como uno de los medios para llegar al fin que es, de manera articulada e integral, el cambio no sólo físico sino además social, de un territorio donde lo más importante es la transformación de la vida de las personas que lo habitan.  Fue por eso que llegó la música. Con mi hija Christinne empezamos a soñarnos la fuente de ocupación cultural para los niños y adolescentes de Siloé con la convicción de que un jóven que empuña un instrumento, jamás empuñará un arma.

Creamos la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de Siloé y luego llegó la de Tambores con una apuesta de conciencia ambiental que alegra la comuna, a través de música producida a partir de instrumentos elaborados con material reciclabe.  En total son 200 niños músicos con un proyecto de vida que nos garantiza en gran parte que no caerán en los tentáculos de la violencia y que despiertan la admiración de sus familiares, vecinos y conocidos en el barrio.  Ellos son un orgullo de Siloé un referente de que se puede creer y crear escenarios de paz y entendimiento a partir de la música y la cultura. 

La intervención en jóvenes no termina allí, el futbol y el deporte llegaron a complementar este esfuerzo y esta siembra de esperanza, hicimos posible que de la misma manera que lo han hecho  los niños de Ciudad Bolivar en Bogotá, los niños y jóvenes de Siloé en Cali, hicieran del futbol un cúmulo de experiencias para la sana convivencia, con una metodología que permite la resolución de conflictos a partir del juego donde cada entrenamiento en calle, marca aprendizajes para la vida.  Hoy, 1.000 niños de la comuna 20 juegan el balón pié a partir de las reglas del Programa Fútbol para la Esperanza, ampliando positivamente nuestra intervención sobre la mentalidad de los pequeños y adolescentes de este territorio.

Conscientes de que la cultura y el deporte son importantes pero sin generación de ingresos para los jefes y jefas de los hogares de Siloé no íbamos a romper el círculo, nos propusimos formar para el emprendimiento y la empleabilidad.  Fue así como llegó el Centro Alaya a Siloé, una experiencia exitosa creada por la Universidad Icesi para fortalecer estos dos polos de generación de ingresos.  Hoy, cualquier habitante de Siloé sin empleo o con un negocio o emprendimiento en mente, puede acercarse al Centro Alaya ubicado estratégicamente a la entrada del Barrio, para capacitarse sin costo, tener orientación e incluso, buscar financiación y capital semilla para emprender. Hablar de la intervención social en Siloé me emociona porque prueba cómo las personas y sus familias pueden cambiar el rumbo de sus vidas favorablemente cuando se lo proponen y encuentran quién les tiende la mano.  En nuestro caso, fue satisfactorio ayudar para que la comunidad tuviese un parque mirador que solucionara, en parte, la ausencia de escenarios para el esparcimiento, en un territorio hacinado de sólo 11 cm2 por habitante…  Por eso se erige imponente, desde ese parque que a la mirada de todos los caleños muestra la frase “YO AMO A SILOÉ”, una bandera inmensa de Colombia, quizás la más grande.  La sembramos allí para recordar la solidaridad que como Colombianos necesitamos uniendo esfuerzos para llevar oportunidades a los territorios que más lo necesitan.

Me critican frecuentemente porque no cuento esto en todos los escenarios… porque no lo replico y “cacaraqueo”…Al decidir la lanzarme a la Alcaldía hicimos un pacto sagrado en mi familia, blindar nuestro proceso social en Siloé de toda dinámica política electoral que pudiese afectarlo.  Es el precio de la construcción de confianza con la comunidad.

Hacer trabajo social no es el atributo determinante para concretar una aspiración a la Alcaldía. Si de eso se tratara, muchas otras personas que sin duda han hecho mucho más deberían estar en esta posición. Por eso aclaro que son dos cosas independientes y que los resultados del trabajo en Siloé son un referente de intervención social que merece replicabilidad e inspirar experiencias similares en la ciudad, pero no, la justificación de una aspiración política y que por el contrario, he dado orden a todos los miembros de mi campaña de no pedir un solo voto en Siloé.  Hacerlo como lo hacen quienes utilizan lo social para hacer política, sería echar al traste el proceso que para mí y mi familia está por encima de todo.

 Por eso el espíritu  de esta columna es contarles la motivación que despierta en otros actores y organizaciones volcarse con determinación a intervenir un territorio.  Estado, empresa privada, organizaciones no gubernamentales, todos resueltos a “jalonar” el desarrollo de una zona en función de alcanzar mayor y mejor impacto. Esa es la filosofía de Responsabilidad Social Empresarial de la Siderúrgica de Occidente de la que queremos contagiar a mucha más gente en Cali, para hacer más y mejores cosas por los nuestros. Sigamos pintando sueños, con actitud de concretarlos!